miércoles, 13 de septiembre de 2017

Salinas de Herrera

Apareció publicado en un periódico un articulo sobre las salinas y pueblo de Herrera, lo leí con curiosidad y despertó de inmediato mi interés.
Se encuentra enclavado en los montes Obarenes casi lindando con la Rioja y su acceso  no es complicado. Hay varias formas de llegar, desde san Juan del Monte, desde Haro, desde Ircio, desde Villalba de Rioja o desde la ermita de san Felices. Yo opté por la más cómoda, en Haro tomé el desvío de Miranda de Ebro y un poco antes de llegar a "Las Conchas" a mano izquierda aparece un camino con la única reseña de "YERMO CAMALDULENSE". Tomo el desvio, el primer tramo, mitad camino, mitad carretera está destrozado, las corrientes de agua han campado a sus anchas y han levantado el asfalto en varios lugares. Después de cruzar bajo la autopista mejora mucho  y aunque aparece alguna dificultad el camino tiene buen firme. Apenas en dos kilómetros aparecen las primeras construcciones  salineras.



Aun queda alguna edificación en pie pero su estado es de total abandono. Moverse entre  sus construcciones, pozos y depósitos es harto complicado, arbustos y zarzas han ganado la batalla y señorean a su antojo.



En el interior de este caserón se encuentra el pozo salinero, aunque no se trata de un manantial de agua salada como tal.



La extracción del mineral era laboriosa y su producción escasa por lo que la explotación  fue abandonada  en los años setenta. No pudo competir  ni en producción ni en precios con las grandes salinas marinas.




El mineral salino era buscado mediante excavaciones en profundos pozos  que se llenaban de agua dulce del arroyo que fluye por la explotación. La sal se disolvía en el agua y su extracción se realizaba con ayuda de una rueda hidráulica para ser almacenada en depósitos hasta el verano.


                                                                 Deposito de agua salada

En verano se extendía la salmuera en las eras, grandes superficies con pocos centímetros de profundidad. La radiación solar y la brisa se encargaban de  evaporar el agua.
Para una cristalización uniforme los operarios realizaban "la revuelta" pasando unos rodillos por las eras. El secado no debía ser muy rápido por lo que se regaba periódicamente. Cuando las eras se secaban era el momento de recoger el preciado mineral.



Este es el lugar que ocupaban las eras de evaporación, el edificio, posiblemente sería un almacén.


                                                  Rueda hidráulica en 1984. Foto de Elías Rubio 


El agua del arroyo era conducida mediante un acueducto y se dejaba caer sobre la rueda desde cierta altura para mover el mecanismo, el eje de la rueda  trasmite su movimiento mediante un sistema de bielas situado en la zona alta del caserón, aquí las bielas son las encargadas de mover la bomba para extraer el agua del pozo salino.



Esto es lo que queda en la actualidad de la noria.


Aunque me consta que esta era la imagen que se ha podido disfrutar hasta hace bien poco de ella.

                                           Imagen de las salinas en 1984 tomada por Elías Rubio

                                   Canalización de agua hasta la noria 1984. Foto de Elías Rubio

                                                    Recreación de las salinas en funcionamiento


El pueblo se encuentra en el mismo estado de abandono que las salinas, aun queda en pie algún edificio pero en estado lamentable.





Aunque la maleza ha vuelto por sus fueros intentando cubrir cualquier resto dejado por el hombre, aun es posible disfrutar del lugar y hacerse una idea de como era el día a día en estas recónditas salinas. 
Cercano a este lugar se encuentran el Yermo Camaldulense  Montecorona de Nuestra Señora de Herrera y unas curiosas cuevas, tal vez monasterios rupestres habitados por monjes en una etapa anterior a la construcción del actual cenobio en el año 1176 por los monjes de Sajazarra.
Ya tengo excusa para volver a estos preciosos y apartados lugares enclavados en la zona oriental de los montes Obarenes.

jueves, 18 de mayo de 2017

San Frutos del Duratón



El conjunto en ruinas del monasterio  de San Frutos se encuentra situado en un paraje de gran belleza natural y ubicado en una península  sobre un profundo meandro del río Duratón. De todo el complejo monástico solamente queda en pie la iglesia.



Un poco de historia.
El monasterio de san Frutos del Duratón fue donado en el 1076 por Alfonso VI al monasterio de Santo Domingo de Silos y se convirtió desde entonces en cabeza del priorato benedictino del mismo nombre.
 La iglesia se construyó hacia el año de 1100 de puro estilo románico.Consta en una inscripción en uno de los contrafuertes del lado de la Epístola que las obras las dirigió  el maestro Miguel, monje benedictino de Silos y se realizó la obra sobre otra visigótica del siglo VII.






Se accede al complejo religioso mediante un pequeño puente de piedra construido en 1757, que salva una grieta conocida como "la cuchillada". Según la tradición fue abierta por san Frutos con su bastón para detener a los sarracenos y proteger a los vecinos de Sepúlveda que pedían su ayuda. La grieta defendía el terreno sagrado que los infieles no podían pisar.



Vista desde el puente


Al pie del ábside se conservan varias tumbas antropomórficas datadas en la Alta Edad Media, que guardan estrecha relación con la reconquista de la zona por Fernán González en el siglo X y reutilizadas posteriormente por los monjes del priorato.






Su ubicación, al borde del acantilado, nos permite apreciar óptimamente el cañón que forma el río Duratón y el remanso que se crea con el embalse de la cercana presa de Burgomillodo.


















Pero no solamente la iglesia del priorato da luz  a este precioso lugar, la naturaleza también aporta su granito de arena.





Sabinas centenarias anclan sus raíces en las escarpadas laderas del cañón.





El color turquesa de las aguas embalsadas aportan un colorido excepcional a este precioso lugar.








Una magnifica colonia de buitres leonados hace de este magnifico enclave su casa y en las laderas más escarpadas asientas sus nidos.




Me llamó la atención la frenética actividad de esta colonia, no paraban quietos ni un instante, lo mismo ganaban altura hasta casi perderles de vista, como pasaban sobre nuestras cabezas en el momento de aproximación a los nidos. Parecían vencejos en busca de insectos. Al pasar tan cerca de nosotros oíamos con claridad el sonido particular de su vuelo que no es demasiado silencioso.
Pasamos una tarde magnifica en un entorno, como he tratado de describir, majestuoso.

viernes, 21 de abril de 2017

Cellorigo



Aunque sé de ante mano que no me voy a encontrar prácticamente nada, decido acercarme hasta este precioso pueblo riojano, encaramado en los montes Obarenes, en busca de la ubicación de su castillo. Documentado ya en el año 882 en las crónicas Albeldenses, se cree que con anterioridad a esta fecha ya existía una torre de vigilancia musulmana encaramada en los riscos calcáreos, donde destaca Peña-luenga con sus 914 metros.





El pueblo ya se encuentra a 800 metros y por la vasta  extensión que se divisa  es conocido como el púlpito de la Rioja.  Desde el mirador situado junto a la iglesia de san Millan se pueden observar hasta treinta pueblos, desde la sierra Cantabria al este hasta la sierra de la Demanda al sur.

La iglesia es del siglo XV, llama la atención un reloj de sol grabado en la portada.





Un poco más adelante nos encontramos una casa señorial en la que destaca un gran escudo nobiliario.






Llego al final del pueblo e inicio el ascenso, hay una buena senda y no es tan duro como parece a primera vista. El farallón es impresionante.






Como no he encontrado ninguna referencia sobre la localización del castillo tengo que recorrer todas las crestas.



Comienzo por la derecha, para después continuar por un pasillo entre las rocas.




Camino observando las paredes, pues la única alusión que tengo al respecto es la de unas improntas en la pared rocosa.




No voy mal encaminado pienso cuando en el suelo me encuentro los primeros restos de teja. Después de una pronunciada pendiente alcanzo una de las pocas zonas llanas  del pasillo entre los farallones. Observo las rocas pero no veo ninguna marca, pero sorpresa, tras unos arbustos localizo lo que pudo ser un pozo o un aljibe.



Y tras una busca exhaustiva aparecen las improntas en la pared rocosa. ¡He dado con la localización del castillo!



En la Crónica Albeldense se relatan con detalle las batallas que se libraron en el castillo en el siglo IX. En estas batallas de los años 882 y 883 el castillo fue defendido por el conde alavés Vela Jimenez de los ataques del Emir de Córdoba con gran éxito, tanto que los musulmanes abandonaron el campo y trasladaron el asedio al cercano castillo de Pancorbo con idéntico resultado. Tras varios días sin avances y muchas bajas abandonan la comarca y se replegaron hacia Córdoba. Esta situación dio lugar a la firma de una tregua de cuarenta años.
Cellorigo también aparece en el voto de Fernán González y en los fueros de Miranda del siglo XII y en los de Cerezo también del siglo XII.







Sigo caminando por el pasillo, me aventuro  a subir hasta algún mirador de fácil acceso, las vistas son fantásticas.




Al norte se divisa el valle del Ebro, al fondo se encuentra Miranda.




Panorámica de la zona sur, a lo lejos se encuentra la sierra de la Demanda cubierta por las nubes.



Estoy llegando al final, a los pies se encuentra Foncea, la senda comienza a descender dando la vuelta por debajo del roquedal.




Estoy de vuelta en el pueblo, solo me queda por localizar dos torres defensivas entre el caserío.



Esta es la primera de ellas con la puerta ojival en altura.




 Y esta es la segunda.
Regreso al coche, y salgo por la carretera de Miranda, como a medio kilómetro hay unas ruinas al lado de la carretera.



Se trata de la ermita de Santa María del Barrio, una edificación románica del siglo XII reaprovechando restos de una iglesia mozárabe más antigua. Conserva restos prerromanicos; porta de de arco de herradura sobre dintel visigotico. Construida en sillería y mampostería, de una sola nave y cabecera rectangular más baja y estrecha. La cabecera se cubre con cañón apuntado y con arco triunfal de medio punto. El arco triunfal, la capilla sur y la sacristía son de los siglos XVII y XVIII.






La tarde ha sido agradable, un paseo por la historia de este precioso enclave que me ha llevado hasta el siglo IX, un castillo inexpugnable, una atalaya privilegiada, un nido de águila. Aun se oyen los ruidos de la batalla y con un poco de suerte igual encontramos algunas armas dispersas por las tierras de labor donde según cuentan  aun están enterradas.

viernes, 30 de septiembre de 2016

San Juan de Ortega

Como cada medio año en la iglesia de San Juan de Ortega se produce un hecho singular, el ultimo rayo de sol antes del ocaso entra por un ventanuco e incide sobre un capitel donde destaca la imagen de la Virgen.


Portada de la iglesia

 No es un hecho casual que en ambos equinoccios, cuando día y  noche alcanzan la igualdad, el sol incida de la misma manera  y a la misma hora sobre un capitel en particular, lo cual nos indica que los constructores de este santuario tenían unos conocimientos astronómicos muy avanzados para la época, pues se trata de una iglesia románica.
Su construcción se la debemos a Juan de Ortega, burgalés de Quintanaortuño, viajero infatigable, peregrinó a Jerusalén y a Compostela, conoció a Domingo de la Calzada y juntos decidieron permanecer al servicio de los peregrinos como constructores de puentes.

Abside
El de Quintanaortuño se retiró como ermitaño a estos apartados lugares, donde fundó el santuario para dar amparo a los peregrinos que cruzaban los peligrosos Montes de Oca y protegerlos de bandidos y animales salvajes (lobos y osos campaban por estos montes a su antojo).

Detalle del capitel a media tarde
El capitel nos muestra una imagen de la Anunciación, donde la virgen se encuentra en el tercio izquierda de la imagen.

Capitel iluminado

Un poco después de las siete de la tarde, hora oficial, llega el momento mágico y esta es la estampa que se disfruta por unos minutos. ¡Una maravilla!
La Virgen mira directamente a  la luz con las manos levantadas y una sonrisa enigmática.
 Y rizando el rizo, los mas duchos en el tema dicen que desde el equinoccio de Primavera, veintiuno de marzo,  hasta Navidad  pasan aproximadamente nueve meses, el tiempo de un embarazo.
La hora solar para ver el evento es a las cinco, pero en este momento tenemos dos horas más y en primavera solamente una. Con los cambios de hora no es difícil liarse.
Merece la pena acercarse a este precioso lugar apartado del mundanal ruido, donde los peregrinos disfrutan  de momentos de paz tras una larga jornada y aunque la visita no coincida con los equinoccios, el lugar nunca defrauda.

martes, 20 de septiembre de 2016

Fortaleza de San Leonardo

La fortaleza abaluartada está situada en un pequeño altozano a las afueras del pueblo soriano de San Leonardo de Yagüe, puede pasar totalmente desapercibida aun estando en el pueblo, pues las casas y pisos nos impiden su visión.






Construido en el siglo XVI por Juan Manrique de Lara, nacido en una familia acomodada, es el segundo hijo de los duques de Najera. Curioso personaje este que a lo largo de su vida ocupó altos cargos, siendo el de mayor relevancia el de virrey  de Nápoles. Cargo que ocupó en 1558.




Casado en segundas nupcias con Ana Fajardo en 1561, compro a Felipe II en 1563 la villa de San Leonardo y otras aldeas y villas pinariegas que el monarca había cambiado a los monjes de San Pedro de Arlanza para que Juan Manrique de Lara fundara su mayorazgo.




El rey mismo autorizó la construcción de la fortaleza-palacio en 1564. La edificación comenzó de inmediato pero Ana fajardo no llegó a disfrutar de ella pues murió el año de 1567 y su marido, Juan Manrique de Lara tampoco, este falleció el 1570, aun sin concluir las obras.




Fue su hijo, Antonio Manrique de Lara y Fajardo quien terminó la obra.




No parece este un lugar estratégico para la defensa de un hipotético ataque o invasión, en esta época solo podía llegar de Francia.



Esta fortaleza-palacio fue el lugar elegido por Juan Manrique de Lara como retiro, un lugar  digno de tal personaje.



¿Capricho, o alarde de prepotencia?
El exterior es una fortaleza abaluartada, como mandan los cánones, provista de piezas de artillería que  él mismo diseñaba.



El interior fue el palacio de un virrey, como tal, ornamentado con mármoles, jaspes de sus canteras de Espejón, muebles de ébano importados de Flandes y Alemania y las paredes ornamentadas con tapices flamencos y pinturas italianas.



Cuesta creer todo esto viendo el estado de las ruinas. En el exterior, aunque faltan muchas piedras, usadas si duda para la construcción de viviendas en el pueblo a lo largo de los siglos, aun nos podemos hacer una idea de su gallardía y robustez. Pero en su interior no queda nada, absolutamente nada.

Chimenea 

¿Recuperará algún día su esplendor? Posiblemente nunca. Desengañémonos esto es España, un país con un patrimonio magnifico pero que poco nos importa lo que pueda pasar con él. En cualquier país de occidente, entre los que nos creemos incluidos, miman, cuidan su patrimonio y presumen de él, como no puede ser de otra manera.